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Lugar de encuentro: Capilla de Austin, Ellsworth Kelly

Con Lugar de encuentro os presentamos la maravillosa colaboración de cuatro artistas que intervinieron con su obra en espacios dedicados a la meditación, el retiro y a la reflexión: Henri Matisse en la Capilla del Rosario de Vence, en el sur de Francia; Mark Rothko en la Capilla de Rothko, en Houston, Texas; Miquel Barceló en la Capilla del Santísimo en la Catedral de Palma de Mallorca y Ellsworth Kelly en la Capilla de Austin ubicada en el Museo Blanton, Texas.

Exterior de la Capilla de Austin © Victoria Sambunaris para New York Times

Cuando Ellsworth Kelly (Newburgh, 1923 – Manhattan, 2015) fue enviado a París como soldado en 1944, el joven americano que sólo llevaba unos semestres en el Pratt Institute de Brooklyn formándose como artista, posiblemente no intuía el gran impacto que este país tendría en su vida y futuro trabajo. En los próximos años Kelly se adentraría profundamente en la cultura francesa, fascinado sobre todo por la arquitectura románica y cisterciense. Los espacios intersticiales, las vidrieras, y las geometría en piedra de Chartes y Notre Dame resonaron fuertemente en él, abriendo en su trabajo un canal hacia la exploración de la luz, el color y el espacio.

Ellsworth Kelly

Tras regresar a Estados Unidos por un tiempo, Kelly decidió volver a Francia para continuar pintado, trabajando y nutriéndose con su cultura; de 1948 a 1954 se dedicó a viajar por el país y por Europa y desarrolló importantes relaciones artísticas y sociales que alimentaron sus ambiciones creativas. En este sentido, aunque nunca se conocieron personalmente, la obra de Henri Matisse ejerció una gran influencia en el trabajo de Kelly. Matisse también realizó una capilla en Vence, en el sur de Francia, que Kelly visitó.  Los tonos vibrantes de las tres vidrieras de la capilla de Matisse, en las que usó sólo tres colores -amarillo, verde y azul- su intencionado reflejo en suelo, y su uso de una paleta y líneas inspiradas en la naturaleza mediterránea, fueron elementos que dejaron huella en Kelly. A diferencia de Matisse -quien, para la concepción del proyecto arquitectónico fue asesorado por el arquitecto Auguste Perret- Kelly diseñó y tuvo un minucioso control sobre todo el proceso, teniendo muy clara su visión de la estructura arquitectónica de la capilla, sus materiales y acabados.

Exterior de la Capilla de Austin © Victoria Sambunaris para New York Times

La Capilla de Austin fue ideada en 1968, cuando el el productor de televisión, Douglas S. Cramer pidió al artista que diseñara una gran obra de arte para su viñedo en California. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a realizarse. Casi 50 años después, el artista donó el diseño original al Museo Blanton de la Universidad de Austin. La capilla se inauguró en 2018.
 
La arquitectura de esta capilla, sus formas semicirculares, la bóveda de cañon, su escasa ornamentación y, en general, una impresión de compacta solidez, nos recuerdan el impacto que la arquitectura románica tuvo sobre Kelly. 

A pesar de que su obra siempre estuvo vinculada con la arquitectura y el espacio, La Capilla Austin fue el primer y único edificio que diseñó en su vida. Debido a que su luz interior, definida por tres vidrieras, cambia lenta pero constantemente con la intensidad y el ángulo del sol, es también una obra sensible al tiempo y las condiciones atmosféricas, en sintonía con la naturaleza. Kelly fue un cuidadoso observador del mundo natural, los pájaros, su entorno, y fue profundamente consciente de cómo la percepción puede transformar las cosas ordinarias en experiencias extraordinarias, incluso espirituales. 

La Capilla de Austin es un templo contemporáneo, una obra donde convergen el conocimiento del arte antiguo y moderno con un depurado proceso creativo marcado por la intuición. 

Interior de la Capilla de Austin © Victoria Sambunaris para New York Times