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Lugar de encuentro: Capilla del Rosario, Henri Matisse

Con Lugar de encuentro os presentamos la maravillosa colaboración de cuatro artistas que intervinieron con su obra en espacios dedicados a la meditación, el retiro y a la reflexión: Henri Matisse en la Capilla del Rosario de Vence, en el sur de Francia; Mark Rothko en la Capilla de Rothko, en Houston, Texas; Miquel Barceló en la Capilla del Santísimo en la Catedral de Palma de Mallorca y Ellsworth Kelly en la Capilla de Austin ubicada en el Museo Blanton, Texas.

La Capilla del Rosario de Vence, también conocida como la Capilla de Matisse es un pequeño lugar de culto católico dominico situada en Vence, muy cerca de la Costa Azul, diseñada en su totalidad por el artista francés Henri Matisse.
 
A la edad de 77 años y ya frágil de salud Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 – Niza, 1954), una de las figuras más importantes del arte del siglo XX, emprende la que será considerada por él mismo su gran obra maestra. Por insistencia de su amiga y antigua enfermera, Monique Bourgeois y convertida en ese momento en monja dominica, Matisse comienza un proyecto que abarcará el diseño completo de una capilla hasta el último de sus detalles: desde la arquitectura, las vidrieras, los murales, el mobiliario interior hasta los atributos y vestiduras de los sacerdotes.

La pequeña capilla blanca, símbolo de la suma de todos los colores, se sitúa en lo alto de una ladera y forma una L donde Matisse en el ángulo central localizará el altar. Un altar de piedra de un color similar al pan de la Eucaristía. Dentro del espacio observamos los tres conjuntos de vidrieras donde emplea únicamente tres colores para presentar el tema del Árbol de la vida: el amarillo para el sol, el verde para la vegetación y el azul en alusión al mar Mediterráneo y al cielo. Desde su cama, el artista realiza los bocetos que formarán parte de los azulejos de los tres grandes murales de las paredes de la capilla dedicados a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden de los dominicos, a La Virgen con el Niño y al Vía Crucis. Matisse también se encargará de diseñar del mobiliario interno como las puertas talladas de madera del confesionario, la cruz-campanario, el crucifijo de bronce del altar, los titulares de la vela de bronce y el pequeño tabernáculo. Para las vestiduras de los sacerdotes Matisse recurrirá al uso de los colores eclesiásticos tradicionales: púrpura, negro, rosa ver de y rojo.
 
Matisse, el gran referente del color y del Fauvismo, consigue pintar con la luz todo un espacio de recogimiento.